ipala2005 016

En el requisito número 1 del área “Desarrollando la Amistad” de la clase de Amigo se determina que el conquistador debe conocer la Regla de Oro y las cualidades que debe tener todo buen amigo.

Aquí les compartimos algunas ideas para su exposicion o tarea.

Reglas que todo buen amigo debe cumplir

  1. Cultive la amistad día a día. Como todas las relaciones, el cuidado augura una unión más significativa y duradera.
  2. Manténgase abierto, siempre respetando sus sentimientos y los del otro.
  3. Esté dispuesto a compartir y, al mismo tiempo, sepa escuchar.
  4. Demuestre confianza y discreción. Estas características son indispensables.
  5. Desarrolle un interés genuino por el otro. Cuando diga “¿Cómo estas?”, no lo haga de compromiso, sino sinceramente, y tómese su tiempo para escuchar atentamente la respuesta.
  6. No olvide destacar las cualidades positivas de los demás. Todas las personas poseen virtudes y defectos. De uno depende elegir mirar la luz o la sombra.
  7. Interésese en las opiniones ajenas, sobre todo si son diferentes a la suya. Recuerde que se puede escuchar al otro, sin perder la propia opinión.
  8. Pídale apoyo emocional o ayuda para resolver un problema cuando lo necesite. No espere a que el otro lo adivine.

El principio de la reciprocidad

por Ricardo Bentancur

Tomado de El Centinela

El filósofo español José Antonio Marina sintetizó el secreto de las relaciones interpersonales con las siguientes palabras: “Hay dos tipos de poderes: los que se basan en la sumisión y los que se basan en la reciprocidad. Aquellos vampirizan, viven succionando el ánimo ajeno. Estos aumentan la energía de todos los participantes”.1

He aquí un principio básico en las relaciones humanas, de fácil comprensión pero de difícil aplicación. Jesús fue quien mejor lo expresó: “Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (S. Lucas 6:31). Los psicólogos lo denominan el “principio de reciprocidad”. Significa, en otras palabras, que la gente responde normalmente al modo como se la trata o se la considera.

Cuando llegué a los Estados Unidos supe que aquí sí podía aplicar la “prueba de la vereda”, diseñada por el psicólogo Jard De Ville: Saludar a todos los que se cruzan conmigo por la calle con un gesto amable. Adondequiera que voy, saludo a quien se acerca con una sonrisa amplia y un sonoro “good morning”. El 90 por ciento de los transeúntes casuales responde también con una sonrisa, inclinando la cabeza y un saludo afectuoso. Esta prueba tiene una versión negativa. Si usted mira con hostilidad a quienes se cruzan con usted, la respuesta no se hará esperar: la mayoría responderá con cierto grado de agresión. El principio de la reciprocidad es tan absoluto como la ley de la gravedad.

La escritora Elena G. de White describe admirablemente cómo Jesucristo aplicaba el principio de la reciprocidad en su trato diario con la gente: “En cada ser humano percibía posibilidades infinitas. Veía a los hombres según podrían ser transfigurados por su gracia… Al mirarlos con esperanza, inspiraba esperanza. Al saludarlos con confianza, inspiraba confianza. Al revelar en sí mismo el verdadero ideal del hombre, despertaba el deseo y la fe de obtenerlo”.2

Art Buchwald cuenta que, estando en Nueva York, viajaba en taxi con un amigo. Al concluir el viaje, el amigo le dijo al conductor: “Gracias por el viaje. Condujo usted magníficamente”.

El chofer, atónito, le contestó: “¿Está bromeando o qué?”

— No, mi querido amigo, no me estoy burlando de usted. Admiro la manera como se mantiene sereno en medio del tránsito pesado.

—¿Ah, sí? ¡No me diga!, —dijo el taxista y se fue.

Buchwald le preguntó al amigo: “¿Qué significa esto?”

— Estoy tratando de que el amor vuelva a Nueva York —dijo—. Creo que es lo único que puede salvar la ciudad.

Explicó el principio de la reciprocidad en estos términos: “Creo que he hecho que ese chofer tenga un día diferente. Figúrate que él haga veinte viajes. Va a ser amable con todos los clientes, porque alguien fue amable con él. Esos pasajeros serán a la vez más amables con sus empleados o comerciantes o meseros, o incluso con sus propias familias. Con el tiempo, la buena voluntad podría extenderse a por lo menos mil personas. Soy consciente de que mi sistema no es infalible, pero hoy podría tratar con diez diferentes personas. Si de diez puedo hacer felices a tres, entonces con el tiempo puedo influir indirectamente en las actitudes de tres mil más”.

¿Qué opina de este principio? No está mal, ¿no es cierto? Pruebe hoy mismo aplicar la versión positiva de este principio en su vida. Se llevará una sorpresa muy agradable.

  1. Club Maranatha

    Esta realmente muy bien redactado este principio de la amistad. Les agradezco porque pude aprende mucho acerca de este principio de la amistad.

    En el Club MARANATHA de Llano Grande, Quezaltepeque estamos por investirnos como 12 de la clase de Amigo y como 10 de la Clase de Compañero y este reporte fue de mucha ayuda.

    En Nombre de todo Nuestro Club Agradecemos a quien publico este articulo.

    !!! GRACIAS !!!

    10:08 am on 10/14/09

Déjanos tu comentario