



El AbueloEra alemán, vivido, y ya pasaba los 80 añosa. Vivía en la casa de su hijo, pero no lo pasaba bien. Caminaba con dificultad y sufría de temblores. Tenía dificultad para dominar sus dedos. Más de una vez, sentado a la mesa, se le deslizaba un plato o una taza, cayéndose al suelo y haciéndose añicos. El anciano sufría. Veía la mirada de disgusto de su nuera. Pero el nieto, un chico de diez años, gustaba de su abuelo y a menudo estaba con él para oírle contar historias.
Cierto día, durante el almuerzo, debido a un movimiento brusco, al abuelo se le fue al suelo un plato de sopa, el que hizo pedazos. El hijo, que era ebanista y tenía un taller de carpintería, decidió hacerle un plato y una taza de madera; de ese modo pensaba haber solucionado el problema del abuelo. La nuera estaba conforme. Se eliminaba el peligro de que al abuelo se le rompieran los platos. El abuelo, resignado, no dijo nada, pero se lo veía triste. Una mañana el papá encontró a su hijo en la carpintería. Lo vio con un formón y un cepillo, trabajando con un trozo de madera. “¡Qué estás haciendo, hijo?” “estoy haciendo un plato para dártelo cuando te pongas viejo como el abuelito”. El papá se estremeció. No hijo nada, pero comprendió el alcance de su conducta hacia su padre. Fue así que volvieron a servir al abuelo con platos iguales a los que se usaban para servir a los demás; y el plato y la taza de madera ya no se volvieron a ver. Hace como 2.600 años que un hombre se sintió inspirado a decir: “Como tú hiciste se hará contigo”. Cuán cierto es que aun hoy vemos cumplirse esta sentencia en la vida de muchos. |